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MISA MIÉRCOLES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA 2015

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La Iglesia Católica Romana, de acuerdo con el Calendario General Romano, celebra en Miércoles, 2015-05-20 lo siguiente:

  • San Bernardino de Siena, presbítero 2015:

    PRIMERA LECTURA DE LA MISA

    Ningún otro puede salvar

    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 8-12

    En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo: -«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre;pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos;por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular;ningún otro puede salvar;bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

    SALMO RESPONSORIAL

    Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8-9. 10 (R.: 8a y 9a)

    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
    Yo esperaba con ansia al Señor;él se inclinó y escuchó mi grito;me puso en la boca
    un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R.
    Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;no pides
    sacrificio expiatorio. R'
    Entonces yo digo: «Aquí estoy -como está escrito en mi libro-
    para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R.
    He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;no he cerrado los labios;Señor,
    tú lo sabes. R.

    EVANGELIO DE LA MISA

    Lc 9, 57-62

    Notas

  • MIÉRCOLES DE LA SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA 2015:

    Tiempo de Pascua.

    PRIMERA LECTURA DE LA MISA

    Os dejo en manos de Dios, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia

    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 28-38

    En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso:
    —«Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado
    guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.
    Ya sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán
    piedad del rebaño. Incluso algunos de vosotros deformarán la doctrina y
    arrastrarán a los discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de
    día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en
    particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra de gracia, que tiene
    poder para construiros y daros parte en la herencia de los santos. A nadie le he
    pedido dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han ganado lo necesario
    para mí y mis compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar
    para socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor Jesús: "Hay
    más dicha en dar que en recibir."»
    Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y rezó. Se echaron a llorar
    y, abrazando a Pablo, lo besaban;lo que más pena les daba era lo que había dicho,
    que no volverían a verlo. Y lo acompañaron hasta el barco.

    SALMO RESPONSORIAL

    Salmo responsorial Sal 67, 29-30. 33-35a. 35b y 36c (R/.: 33a)

    R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios (o bien: Aleluya).
    Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro. A tu
    templo de Jerusalén traigan los reyes su tributo. R/.
    Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor, que avanza por los cielos, los
    cielos antiquísimos, que lanza su voz, su voz poderosa: «Reconoced el poder de
    Dios.» R/.
    Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder, sobre las nubes. ¡Dios sea bendito!

    Aclamación del Evangelio

    Aleluya cf. Jn 17, 17b. a

    Tu palabra, Señor, es verdad;conságranos en la verdad.

    EVANGELIO DE LA MISA

    Que sean uno, como nosotros

    Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 11b-19

    En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
    —«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno,
    como nosotros.
    Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los
    custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera
    la Escritura.
    Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría
    cumplida.
    Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo,
    como tampoco yo soy del mundo.
    No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal.
    No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
    Conságralos en la verdad;tu palabra es verdad.
    Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo.
    Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

Contenido actualizado el 2012-01-10T00:00:00Z